Saber disfrutar la vida

Madrid es distinta, como es el caso de cualquier capital del mundo respecto al resto de su país. Y cada uno la vive de otra manera, de eso no cabe duda. Estas son algunas de mis impresiones y experiencias, algunos de mis momentos vividos en esta ciudad de tantas caras, dentro de mi círculo de gente y lugares que he conocido hasta ahora. Y también son algunas de las razones por las que esta ciudad me cae tan bien y por qué, a pesar de los momentos difíciles que estamos pasando, todavía no me he cansado de ella.

Qué ciudad más rica

Unas cañas en la terracita donde da el sol, a picar algo con los amigos, a tomarse una copa en un sitio chulo recién abierto, quizá un botellón en una plaza donde “no nos echarán”, un partido de fútbol con los amigos en el bar de al lado, de fiesta a unas discotecas pijas donde solo dejan entrar a las de tacones y minifalda y, después de todo y antes de caer muertos en la cama para dormir durante todo el día siguiente, chocolate con churros. Faltarían las quedadas para comer – a probar la cocina de distintos países del mundo, ya que en Madrid hay restaurantes para todos los gustos y comilonas en familia los fines de semana. Y para variar, siempre está la opción de hacer una excursión (gastronómica) a algún pueblo de los alrededores – pero eso ya es otra historia.

Suena a muchos planes. ¡Y ojo! Todavía no hemos hablado de todos los eventos y planes culturales que hay. Aunque también es cierto que la gastronomía gusta mucho y el tema de la comida es casi omnipresente. En mis primeros meses en Madrid me acuerdo que me hizo gracia que la gente hablaba de comida antes, mientras y después de comer. Dónde se come bien, qué se come ahí, cómo es distinto a lo que normalmente se suele comer, etc. Hoy soy una de ellos. Y a veces me sorprendo que en estos tres años aquí no he ganado muchos muchos kilos…

Independientemente del plan que se hace, lo sorprendente para mí siempre ha sido la cantidad de gente que hay en todos los lugares. Si estos sitios están tan llenos ahora, ¿cómo habrán estado antes de que llegara la crisis? Pues más gente todavía, me dijeron. A mí me cuesta imaginarlo.

Madrid, la ciudad que nunca duerme

Igual que el sol en estas latitudes se acuesta muy tarde, la gente hace vida en las calles durante mucho tiempo, sobre todo en los meses de verano. ¡Cómo me impresionó el ritmo de vida de los niños pequeños en mi primer año aquí! ¿Cómo puede ser que un bebé a las once de la noche todavía está en la calle con su madre? ¿O qué un niño de cinco años a medianoche todavía esté jugando fuera al lado de sus padres que se están tomando algo en la terraza con los amigos?

De la misma manera que yo flipo viendo estas cosas, simplemente porque no estoy acostumbrada – en Norte y Centro Europa parece que los niños siguen otros horarios – los españoles flipan conmigo cuando les cuento que en mi país hay una ley de protección para los menores de edad que regula hasta qué hora los niños y adolescentes pueden estar en la calle. Sin ir más lejos, los menores de 14 años sin presencia de un adulto tienen que estar en casa a las diez de la noche. Y, aquí, ¿a qué hora se suele cenar?

Siempre hay razón para celebrar

Una de las razones por la que los españoles me caen tan bien es que siempre encuentran motivos para juntarse, salir de fiesta y pasarlo bien. Cualquier motivo de celebración es bienvenido. Sea un Santo (¡y no hace falta mencionar que aquí hay muchos!), un cumpleaños (me encanta la costumbre de que el cumpleañero lleve bollos al trabajo para compartir ese día con los compañeros – en otros países ni se menciona, y si los demás se enteran, ¡faltaría más que el cumpleañero pague los dulces, lo más lógico es invitarlo a él!), una despedida de soltero (que se celebran de manera bastante creativa aquí), los resultados de – casi cualquier – partido de fútbol (¡qué emociones!) o fiestas importadas de otros países cómo Halloween, St. Patrick’s Day y estoy segura de que muchas más.

A veces parece que las fiestas ni siquiera son suficientes. Me hizo gracia cuando un amigo me contó el plan de salir disfrazado celebrando Carnaval justo aquel sábado, 7 días después del sábado de Carnaval. Pensaba que se había equivocado. Pero, ¿qué es eso de disfrazarse una semana más tarde? ¡Sería ya la primera semana de Cuaresma! Bueno, bueno, cómo se nota a veces que vengo de un país algo más al norte. No hay que tomarse las cosas tan en serio, un sábado de fiesta de Carnaval con un grupo de amigos, al siguiente con otro. Si no entran todos los planes en el tiempo limitado que hay, ¡pues ya vamos ajustando!

Y lo mejor de todo…

Probablemente dice bastante de la forma de pensar y ver la vida de la gente en un país, que a pesar de atravesar momentos difíciles, no olvida cómo reír, pasarlo bien y disfrutar de quedadas con amigos, buena comida o algún capricho de vez en cuando. Por cierto, ¿sabíais que la palabra “capricho” no existe en alemán?

Creo que el lugar perfecto no existe, sin embargo no cabe duda de que muchos podemos aprender de otras culturas. Ver el vaso siempre medio lleno, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y aprovechar todos los momentos que podamos para pasarlos con la gente que nos importa. Y eso también cuando ya no es Carnaval.

Julia Karrer / julia@madrider.es

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